4 de marzo de 2014

A las sábanas del velero.




La mente gravita unida
en sábanas de velero. 
La mano encendida aferra
furiosa los cuatro cuerpos

queríamos dos fulanas
y han traído esqueletos
bailan bailan cercenando
cálices de vino viejo

el calor apaga el grito
blanco, de puro änhelo
por escalar en prohibido
muro de eterno convento

queríamos dos peregrinos
y han traído siete aedos
cantan cantan recogiendo
el tibio maná del cielo

la niña de flores blancas
recita en la calle el credo
dentro de los portales
ya sólo se oye el silencio

queríamos dos palabras
y han traído veinte versos
Guillém sonríe buscando
luz en lo que está leyendo. 

Cuenta, cuéntame las sílabas
que el romance te está oyendo
me dice que en cada rima
piedras recitan con miedo

yo aunque no sepa poesía
te leo siempre y comprendo
que en el nada 'no se hacer'
los guijarros perecieron


A mi buen amigo,
al verdadero poeta.

2 de octubre de 2013

Centinela de vírgenes.


Como en tantas otras noches, la monja se entretiene sosteniendo los sueños de las niñas vírgenes. Cavila en los pasillos, tropieza con sus cordones, roza alguna cabeza con la mano izquierda. La derecha no lo sabe. Y si acaso escucha el suspiro del amor, sus pechos vierten leche mágica con la amargura del llanto estéril de las yermas.

La monja es joven. Hace las noches entre vigas de madera y es centinela de todas sus niñas. Ésta está sucia, y aquella peinó mal sus trenzas. Niñas malas. Niñas sucias. No saben que no deben. No saben que deberían. Y sobre sus párpados velan las cenizas de la madrugada.

Maldita lujuria. La monja trastea entre las niñas, tratando de escuchar el borboteo de sus fuentes, y  espera con ansia la saliva de las dormidas. Convierte en brujería todo lo que toca. Y su nariz recta se transfigura en verruga. Las muchachas se encogen en las hileras de la pesadilla. Monja mala. Monja bruja. Y los chasquidos de las puertas envenenan las estancias, los sueños y hasta el mismo amor.

Duermen, vírgenes.

Pero ella, todo lo conoce y todo lo vigila. Y aunque el pecado sea grave, todo lo quiere, todo lo sabe. Porque ella es diosa y ella es hombre. Ella sabe de aquellas luces que aguardan los desastres de la madrugada. Y aunque oteé los brazos hitlerianos, las faldas infantiles, los ciclos tórridos de los amantes, ella camina con la lujuria pero no la besa en los labios, rodea los huesos de la gula y cercena las cadenas de la ira, aunque sus pechos no la sacien. Porque ella es verdad y es miseria. No se entretiene en los jirones de la plata pues la codicia no la ciega. Ella es templanza, deseo de amor, canto de urraca cansada.


Y en cuanto despunta el alba, aguarda la vieja monja, víctima del corazón.

22 de junio de 2013

Mario. Mario. Mario. (II)



“Hay días en que la recuerdo y me pregunto: ¿Qué estará haciendo? Hay noches en que la extraño y me pregunto: ¿Qué me estoy haciendo?”

— Mario Vargas Llosa.

19 de junio de 2013

Telón.

[...]

VALENTINA.- ¡Un, dos, tres! ¡Fuego!
(Da uno, dos, tres pasos; en línea recta. Lanza el plato decorativo contra el suelo)

VALENTINA.- (Grita) ¡Es que no me oyes, cretino! ¡Ven a por mí! ¡Ven a por mí, si te atreves! ¡Párteme el alma, como hiciste con mi cuerpo! ¿Por qué no sigues, ahora que te lo imploro? ¡Nunca vas a complacerme, nunca! (Estalla en lágrimas)

(Se acerca al cadáver de Marco y lo mece suavemente)
VALENTINA.- Hoy han enmudecido los silencios. No puedo oír tu voz de trueno. Debe ser que se ha congelado mi memoria, o se han parado mis desgracias. Hoy, soy libre, y renazco de nuevo.

(Besa el cadáver en los labios)
VALENTINA.- Y sin embargo, ya te echo de menos.


El silencio irrumpe en un aplauso multitudinario que no cesa hasta bien pasados los dos primeros minutos. Carla no puede dejar de dar las gracias y lanzar besos al respetable, que vitorea su nombre y le dedica gestos de máxima aprobación. Críticas favorables y amantes del teatro satisfechos. Todo a su favor gracias a la interpretación de la década.

No era una interpretación. Era su yo del pasado, con un estúpido nombre italiano. Era ella, entablando un diálogo consigo misma dónde sus fantasmas moderaban las intervenciones. Era ella, desnuda ante el mundo. Tachemos de la lista el cadáver, pero añadamos una denuncia y una serie de amenazas por teléfono. Estás en la flor de la vida, la decían una y otra vez. 

"Pues que alguien me prenda fuego", pensó, mientras hacía su reverencia.

17 de junio de 2013

Gorda.


Aunque al desnudarla no me di cuenta, cuando nos miramos supe que de niña había sido gorda.
A decir verdad, no tenía una mirada enajenada, ni se mordía las uñas. Tampoco se acicalaba el cabello como las otras y en su cuerpo no quedaban apenas marcas de bollería industrial. Sus pies no eran redondos, y tampoco conservaba pliegues de piel  de envoltorio. No olía a pan, ni a natillas y sabía a chicle neutro. Si bien es cierto que murmuró alguna obscenidad inapropiada, su pasividad me habría resultado totalmente decepcionante. Así que, en definitiva, aquella mujer no aparecía en mi manual de Reconocimiento de Mujeres de más de Ochenta Kilogramos. Compréndame, por aquel entonces, yo aún era joven. Buscaba indicios de sobrepeso en todas partes porque, tras ciertas cavilaciones, tenía la teoría de que las mujeres redondas eran más propensas al enamoramiento obsesivo.

No obstante, siguiendo mi propia receta, había elaborado un manual de cinco pasos para reconocerlas. Pero ¡já! cuando ya pensaba que era un sociólogo amante del misterio y la adivinación, llegó ella para devolverme a mis veinticinco. Para someterme a su juicio, para saltarse todas aquellas premisas de manual de pobre hombre, y delatarse al final.

Porque sí. Aquella mujer había sido gorda. Pero no fueron sus ojos, ni su boca los que confesaron el secreto. Ni un comentario peregrino al final del coito. Fue un breve temblor en los labios cuando, al separarme de ella, me dejó contemplar su cuerpo. Intacto al tacto, pero arrasado por las heridas. Entonces, aquel temblor hizo que estallara el cuarto. Rugió la tierra, y los prejuicios treparon por las paredes como las arañas.

Después de aquel instante, todo quedó en calma. Hicimos unos cuantos viajes. Visitamos Viena, recorrimos Italia.

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