8 de octubre de 2014

Dario Hiroshima


Las luces de Tirso me han arrastrado 
hacia el frío de calles de carne joven. 
Y sus sombras azules me atan en los portales
Con la voz italiana de aquel hombre 
que nunca me prometió nada. 
Pero yo, 
aún sigo corriendo por las vías 
con la juventud huyendo cada viernes
Mientras las musas me hablan en la boca  
con las alas de los dioses
y cantan.



It's been a while, queridos míos.



4 de marzo de 2014

A las sábanas del velero.




La mente gravita unida
en sábanas de velero. 
La mano encendida aferra
furiosa los cuatro cuerpos

queríamos dos fulanas
y han traído esqueletos
bailan bailan cercenando
cálices de vino viejo

el calor apaga el grito
blanco, de puro änhelo
por escalar en prohibido
muro de eterno convento

queríamos dos peregrinos
y han traído siete aedos
cantan cantan recogiendo
el tibio maná del cielo

la niña de flores blancas
recita en la calle el credo
dentro de los portales
ya sólo se oye el silencio

queríamos dos palabras
y han traído veinte versos
Guillém sonríe buscando
luz en lo que está leyendo. 

Cuenta, cuéntame las sílabas
que el romance te está oyendo
me dice que en cada rima
piedras recitan con miedo

yo aunque no sepa poesía
te leo siempre y comprendo
que en el nada 'no se hacer'
los guijarros perecieron


A mi buen amigo,
al verdadero poeta.

2 de octubre de 2013

Centinela de vírgenes.


Como en tantas otras noches, la monja se entretiene sosteniendo los sueños de las niñas vírgenes. Cavila en los pasillos, tropieza con sus cordones, roza alguna cabeza con la mano izquierda. La derecha no lo sabe. Y si acaso escucha el suspiro del amor, sus pechos vierten leche mágica con la amargura del llanto estéril de las yermas.

La monja es joven. Hace las noches entre vigas de madera y es centinela de todas sus niñas. Ésta está sucia, y aquella peinó mal sus trenzas. Niñas malas. Niñas sucias. No saben que no deben. No saben que deberían. Y sobre sus párpados velan las cenizas de la madrugada.

Maldita lujuria. La monja trastea entre las niñas, tratando de escuchar el borboteo de sus fuentes, y  espera con ansia la saliva de las dormidas. Convierte en brujería todo lo que toca. Y su nariz recta se transfigura en verruga. Las muchachas se encogen en las hileras de la pesadilla. Monja mala. Monja bruja. Y los chasquidos de las puertas envenenan las estancias, los sueños y hasta el mismo amor.

Duermen, vírgenes.

Pero ella, todo lo conoce y todo lo vigila. Y aunque el pecado sea grave, todo lo quiere, todo lo sabe. Porque ella es diosa y ella es hombre. Ella sabe de aquellas luces que aguardan los desastres de la madrugada. Y aunque oteé los brazos hitlerianos, las faldas infantiles, los ciclos tórridos de los amantes, ella camina con la lujuria pero no la besa en los labios, rodea los huesos de la gula y cercena las cadenas de la ira, aunque sus pechos no la sacien. Porque ella es verdad y es miseria. No se entretiene en los jirones de la plata pues la codicia no la ciega. Ella es templanza, deseo de amor, canto de urraca cansada.


Y en cuanto despunta el alba, aguarda la vieja monja, víctima del corazón.

22 de junio de 2013

Mario. Mario. Mario. (II)



“Hay días en que la recuerdo y me pregunto: ¿Qué estará haciendo? Hay noches en que la extraño y me pregunto: ¿Qué me estoy haciendo?”

— Mario Vargas Llosa.

19 de junio de 2013

Telón.

[...]

VALENTINA.- ¡Un, dos, tres! ¡Fuego!
(Da uno, dos, tres pasos; en línea recta. Lanza el plato decorativo contra el suelo)

VALENTINA.- (Grita) ¡Es que no me oyes, cretino! ¡Ven a por mí! ¡Ven a por mí, si te atreves! ¡Párteme el alma, como hiciste con mi cuerpo! ¿Por qué no sigues, ahora que te lo imploro? ¡Nunca vas a complacerme, nunca! (Estalla en lágrimas)

(Se acerca al cadáver de Marco y lo mece suavemente)
VALENTINA.- Hoy han enmudecido los silencios. No puedo oír tu voz de trueno. Debe ser que se ha congelado mi memoria, o se han parado mis desgracias. Hoy, soy libre, y renazco de nuevo.

(Besa el cadáver en los labios)
VALENTINA.- Y sin embargo, ya te echo de menos.


El silencio irrumpe en un aplauso multitudinario que no cesa hasta bien pasados los dos primeros minutos. Carla no puede dejar de dar las gracias y lanzar besos al respetable, que vitorea su nombre y le dedica gestos de máxima aprobación. Críticas favorables y amantes del teatro satisfechos. Todo a su favor gracias a la interpretación de la década.

No era una interpretación. Era su yo del pasado, con un estúpido nombre italiano. Era ella, entablando un diálogo consigo misma dónde sus fantasmas moderaban las intervenciones. Era ella, desnuda ante el mundo. Tachemos de la lista el cadáver, pero añadamos una denuncia y una serie de amenazas por teléfono. Estás en la flor de la vida, la decían una y otra vez. 

"Pues que alguien me prenda fuego", pensó, mientras hacía su reverencia.

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