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Cuando las barbas del vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar.

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"O vienes y me cortas el pelo o hago una locura". El mensaje no podía ser más claro. O salía de mi casa a aquellas horas de Dios –zapatillas, jersey de estar por casa, ¡moño!– y le cortaba el pelo, o se lo cortaba ella misma.
"Una cosa es que Inés esté preparada para cambiar su vida –¿lo decía Coco Chanel? ¿o Richard Gere en Unfaithful?– y otra muy distinta es que me haga cómplice bajo amenaza" pensé mientras me vestía. "Pero, ¿a quién voy a engañar?", cavilaba y me apretaba el moño, fuerte, frente al espejo "la idea me divierte. Dudo que nadie más me permita acercarme a su cuero cabelludo con tales intenciones y, mucho menos, una amiga que me conoce y sabe que no sé ni cortar jamón".Antes de salir de casa, y a sabiendas de que el mensaje podría haber sido fruto del spur of the moment, dirían los británicos, del brote, de la euforia del instante, la escribí.  "¿Arrepentida?" La respuesta fue inmediata. "VEN".

* –Éstas son las…

Amor constante (y presente), algo infantil también.

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(porque la infancia sólo se tiene después)


¡Sabios y Sabias! Disculpad esta ausencia. Pronto tendréis más aventuras en el blog. Estoy dando vueltas a algún recuerdo que puede que os interese (y os emocione, también).

Un abrazo fuerte,
P.

Juglar subterráneo o poeta líquido

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El sábado pasado cogí el metro hasta Alonso.  Tres o cuatro paradas antes de bajarme, subió un cantante con su guitarra al hombro. Voz gruesa y potente, manos de migrante, ojos cantábricos. Me recordó a los hippies de mi Facultad. Aquellos que afirmaban ante cualquier audiencia, y disfrazados de Adán y Eva, que estudiaban Derecho para cambiar el sistema. Los mismos que hoy trabajan con Macs. Sí, darling, el dinero es una serpiente poderosa. Sin embargo, aquel hombre todavía olía a libertad. Pensé que podría ser un neo-Sabina antes del ascenso - si alguien le descubriese, claro. Por desgracia para su guitarra, sus ganas y su poesía, en aquel vagón sólo viajaban abogados, auditores e instagramers en ciernes. Ni rastro de descubridores de poetas líquidos.

Cantó una canción satírica sobre el metro provocando las risas entre los más dispuestos. - ¡Buscadme en Facebook! -gritó tras rematar la canción con un par de acordes- Me llamo Juglar Subterráneo. Quizá algún día le pongan mi nombre a …

Oh capitán, mi capitán.

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- ¡P! Un seis con ocho. Me entregó el examen y volví a mi sitio tratando de pasar desapercibida. El flequillo sobre la cara, el paso corto, apresurado.  Fue imposible. Escuché el murmullo de "P, un seis con ocho". Luego, el miedo. "Si ella ha sacado un seis con ocho, que Dios nos pille confesados". Avalancha de cincos y seises, murmullo generalizado. Vuelta al cotilleo: "Y P, un seis con ocho".
No miré a Profesor en toda la hora. Tampoco miré el examen. Tres preguntas: Tema a desarrollar, definiciones y una fotografía. Las dos primeras, clavadas. Ni una coma fuera de su sitio, ni una definición inventada. Miss Nueves, decían, escribía inspirada por los dioses.Y ahora, ¡un seis con ocho! Madre mía. "Lo está pasando mal, es normal. Un tumor, un ex, una sombra, amigos que ya no son amigos, el tío ese que se fue del colegio con el que dicen que se lía, mucha música de la Winehouse. Es el declive, es la futura Europa". Y yo, Miss Nueves, la inspirad…