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Cómo ser otra persona con unos sencillos martillazos (puerta secreta y directa, sin trasbordos)

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Primera lectura Por llegar diez minutos tarde, –"¡diez minutos, abuela, por Dios! ¡No es una vida!"–, mi abuela me castigó dos semanas sin salir por la noche. "Por la noche" significaba hasta las doce en punto. Tenía catorce años, cinco amigas y unas ganas locas de vivir la vida en la urbanización playera. Por desgracia, mi abuela no tenía los mismos planes para mí.  –Sólo podrás ir y venir a la playa conmigo por la mañana y por la tarde.  –¿QUÉ? –Esas amigas tuyas no me gustan ni un pelo.  Aunque sospechaba que mi abuela tan sólo buscaba un buen samaritano que le llevase la hamaca y la toalla –nunca la bolsa, nave del misterio de toda sexagenaria voluptuosa– tuve que acatar la recién implantada ley marcial.  Y así, salíamos a las diez y media y volvíamos a la una. Telediario, tute y siesta. A las cinco y media, caminábamos bajo el sol abrasador hacia el mar. A las ocho volvíamos, a las diez "en la cama estés". Al día siguiente, vuelta a empezar. Mi …

Brillante, divertida, hilarante, única. (The Guardian, sobre una escena de mi vida).

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La tutora entró en la clase con sonrisa abierta, falda de pompa, cabello voluminoso. –¡Ya tenemos excursión de fin de curso! Notición. Éxtasis. Adolescentes apretados en sus dieciséis años. Desmayados, atrevidos, furiosos, ásperos, tiernos, liberales, esquivos. La imaginación de las niñas por encima del simple daydreaming. Nada nos hacía más felices que soñar encuentros y desencuentros, vestidos para el día y la noche, el pijama de Oysho, la radio, las chanclas, la toalla, el jersey de invierno. ¿A dónde iríamos? Decían que Roma había sido descartada porque, pese al aura papal que desprendía, un curso fueron cuarenta y volvieron cuarenta y uno.

¿Atenas, quizá? ¡Ay, la Hélade! Los murmullos se sucedían. Pilar, la profesora de Griego, podría hacer de guía por las calles que vieron nacer a la democracia. Ninfas, efebos danzantes, caderas de cariátides.  Otros, más conocedores de los mapas, decían Beirut, Macao, Kioto, Pretoria. Los más prudentes, Barcelona. La tutora dejó que diéramos ri…

Cuando las barbas del vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar.

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"O vienes y me cortas el pelo o hago una locura". El mensaje no podía ser más claro. O salía de mi casa a aquellas horas de Dios –zapatillas, jersey de estar por casa, ¡moño!– y le cortaba el pelo, o se lo cortaba ella misma.
"Una cosa es que Inés esté preparada para cambiar su vida –¿lo decía Coco Chanel? ¿o Richard Gere en Unfaithful?– y otra muy distinta es que me haga cómplice bajo amenaza" pensé mientras me vestía. "Pero, ¿a quién voy a engañar?", cavilaba y me apretaba el moño, fuerte, frente al espejo "la idea me divierte. Dudo que nadie más me permita acercarme a su cuero cabelludo con tales intenciones y, mucho menos, una amiga que me conoce y sabe que no sé ni cortar jamón".Antes de salir de casa, y a sabiendas de que el mensaje podría haber sido fruto del spur of the moment, dirían los británicos, del brote, de la euforia del instante, la escribí.  "¿Arrepentida?" La respuesta fue inmediata. "VEN".

* –Éstas son las…

Juglar subterráneo o poeta líquido

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El sábado pasado cogí el metro hasta Alonso.  Tres o cuatro paradas antes de bajarme, subió un cantante con su guitarra al hombro. Voz gruesa y potente, manos de migrante, ojos cantábricos. Me recordó a los hippies de mi Facultad. Aquellos que afirmaban ante cualquier audiencia, y disfrazados de Adán y Eva, que estudiaban Derecho para cambiar el sistema. Los mismos que hoy trabajan con Macs. Sí, darling, el dinero es una serpiente poderosa. Sin embargo, aquel hombre todavía olía a libertad. Pensé que podría ser un neo-Sabina antes del ascenso - si alguien le descubriese, claro. Por desgracia para su guitarra, sus ganas y su poesía, en aquel vagón sólo viajaban abogados, auditores e instagramers en ciernes. Ni rastro de descubridores de poetas líquidos.

Cantó una canción satírica sobre el metro provocando las risas entre los más dispuestos. - ¡Buscadme en Facebook! -gritó tras rematar la canción con un par de acordes- Me llamo Juglar Subterráneo. Quizá algún día le pongan mi nombre a …