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Verdaderos sabios

4 de febrero de 2017

No es mentira esta postverdad



Cuando tenía dieciséis años me diagnosticaron un tumor benigno. Después de TACs, resonancias magnéticas, gammagrafías, dolorosos electromiogramas, curanderos, bayas y cuatro operaciones, desapareció. Sin embargo, una intrépida compañera de clase de aquellos días se atrevió a afirmar con suma rotundidad que mi presunto tumor era una invención. Cuando me enteré, estallé en cólera. La existencia del osteoma no era una cuestión de opinión. Era un hecho.

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Si menciono esta historia no es porque quiera centrarme en la estulticia de esta pobre mujer, hoy enfermera God help us! sino porque, recientemente, se ha popularizado la idea de post-verdad. Una noción que el Oxford English Dictionary (OED) ha elegido como palabra del año y que "denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal". Ejemplos claros son la negación del Holocausto o el cambio climático, las bondades del Brexit o la supuesta asistencia masiva a la inaguración presidencial de Donald Trump. Afirmaciones insólitas sobre hechos que, lejos de conservar su esencia, mutan en opiniones con el beneplácito del gran público.

Javier Marías atribuye esta enfermedad crédula a la pusilanimidad de la sociedad. Para el autor, somos nosotros, él no se incluye, claro está menores de edad. Y como tales, nos gusta escondernos debajo de la manta.
Si no te veo, monstruo, no existirás tartamudeamos tanteando la sábana, sin acierto, mientras una masa se aproxima Pero tú, tú ¿qui-én e-res?
 No soy, kiddo. Somos. Somos millones de judíos, millones de desplazados, colonizados. Somos una guerra en un país negro, negro de piel o de petróleo. Tú, Occidente. Tú, drones. Tú, asesino. Somos el Tsunami, la hambruna, el deshielo.

Y llega otro monstruo esta vez con una varita mágica y pinta una sábana para que nos escondamos. Y voilà! Ya está. All clear! Lo que antes era un desastre, ahora es great again.

Sin embargo, es muy fácil culpar al mago o a los votantes crédulos que sueñan con su sábana. Si nos centráramos sólo en ellos, estaríamos viendo la paja y no la viga. Debemos tener en cuenta que muchos de los convencidos no son pusilánimes. Conocen bien los monstruos. Entonces, ¿por qué los embaucan? Algunos autores, han atribuido este hecho a las redes sociales y a las noticias falsas capaces de conmover con un escándalo tras otro. Sin embargo, discrepo: La culpa no es tanto de Facebook, como de Amazon. Sí. Lo has leído bien. ¿Mi massive shopping tiene algo que ver con Trump? Sí. Es hora de comprender que la postverdad no sólo es cosa de populistas sin escrúpulos. La postverdad también soy yo comprando una aspiradora o una tostadora. ¿No lo crees así?

Sí, mírame. Ahí estoy escogiendo dos tostadoras y leyendo sus características. Sus hechos. Ahí estoy, diciendo, "esta tostadora Bocsh tiene 980 vatios y 220 voltios. Esta otra pesa 1.7 kilogramos. Las dos tienen una garantía de cuatro años. Pas mal. Ésta de más allá es exactamente igual que las dos anteriores pero tiene soporte para rollos. Y esta otra y esta otra y esta otra".Y de pronto, el cansancio, el decaimiento. Los ojos fijos frente a la pantalla. La tentación del e-mail, de releer The Guardian, del WhastApp, hasta del Facebook. Huida en un mundo de elecciones continuas donde uno nunca sabe qué es mejor. ¿El plástico? ¿El aluminio? ¿El celofán? Ahora sí, God, help us! 

Y así, harta de batallas, mírame tirar la piedra, entregar el arma el alma, también. Mírame, escudriñar la opinión de las masas. ¿Acaso no es mejor que el trabajo sea para los nacionales? ¿Acaso no es mejor dejar a los refugiados en el limbo? ¿No lo piensan todos? Si ellos lo piensan, si ellos lo vociferan, si ellos lo escenifican, lo likean; si ellos, los que dicen todo eso, gritan tanto, entonces ¡será que es verdad! ¡Será que eso es cierto! ¡Me rindo, entonces! Mírame a mí, que no lo pensaba ni lo defendía, ¡mírame vociferarlo con tontuna!. Como quien repite la opinión de otro, las razones de otra. El comentario peregrino, lacerante: "Se lo está inventando". ¡Pero mírame, enfermera! ¡Atrévete a mirar!¿Acaso no ves el TAC y la gammagrafía, las faltas de asistencia, la lágrima en el ojo de la madre, los puños debajo de la mesa? Y cómo duele, joder. Cómo me duele. ¿Por qué a mí? Con dieciséis años ¿por qué? Yo que tengo las piernas para saltar y para correr. Piernas para caerme por la escalera, porque el dolor me está matando, mamá.

Miro los likes de cada una de las tostadoras. La azul parece estupenda, pero de ella nadie habla, nadie dice, nadie dictamina. En cambio, la roja, con menos características menos hechos tiene más valoraciones, más opiniones, más TripAdvisor, más Trivago.

Compro la roja. Total, la puedo cambiar dentro de cuatro años.