19 de marzo de 2015

Hoy miro hacia atrás. Hacia la vida.





Vivimos durante un año acunados por la brisa alisea del cosmopolitismo. Dejamos de correr y de creer en la prisa. Lo importante era ser en torno a la mesa. Ser en torno al té, juntos. El perfecto inglés no existía, y el idioma era tan latinogermano que nunca supe bien si hablábamos palabras -ay querido logos- o caminábamos con las imágenes del subconsciente común de la vieja Europa. Comíamos pasta, y hablábamos italiano. Slow food, slow tv, slow sex. Por todas las prisas venideras, dejé besarme despacio.

Pero volví a Madrid.


Al bajo ahora, ahora no, YA. Corre. Elmetronoesperaanadie. Y menos a ti.Veinte años. ¿Número de esclavo? 54 millones. Otra asignatura más. Seis tomos. En seis meses. Y estudia. Corre. No vivas. Hay cien que pagarían por-ese-mísero-trabajo. ¿Horas? Veinticuatro al día. ¿Salario? El salario/hora es el número PI. Con P de pigs. Con P de puto dinero. STOP. Coge aire. Respira en la tiniebla del sandwich de máquina en una White Box. ¿Tienes el informe? ¿El de ayer? Sí. No, el de hoy, te lo dije por whatsapp hace dos segundos. Y estabas en línea. Había doble check. Nuevo knockout en el ring. Y tú.VAGA. Knock knock knockin' on Heaven's door. Art. 15 CE. Integridad cero en un mundo con forma de becerro dorado. ¡Adoradme! dijo el socio. El socio de un despacho que sabe a sangre. NO QUIERO. Oposita. Y siete años encerrado en otro ring. La carrera solitaria hacia la justicia. De pronto juez. Con veintiséis años. Quiero escribir. Con la venia SEÑORÍA, escriba sentencias. ANTECEDENTES DE HECHO. Estudié Derecho, pero era humanista. FUNDAMENTOS DE DERECHO. Me enseñaron la justicia del positivismo. Llamaban justicia a política legislativa. FALLO. Muerte súbita en juzgado nº5 rodeada. ¿De criminales? No. De justos que creyeron que eran libres. Armenios sin papeles, drogadictos pinchados e impinchados, e irrelevantes para mi sociedad ¡SALGAN A LAS CALLES! Griten libertad. Pasaporte a la cárcel o a TURKISTÁN. ¿Antecedentes? Ninguno señoría. ¿Seguro? ¿Letrado? Yo.. NO HABLE. Preguntas irrelevantes. Peinado chic. He perdido el juicio.

Hoy miro hacia atrás. Hacia la vida.

Perdiste un año, dicen. Perdiste un año, dicen. Perdiste un año, dicen.
Y yo. Yo digo que gané la vida.




10 de febrero de 2015

Un solo corazón es el que late.





Tome puñal y rasgue la seda que lo envuelve
Y por el pliego que lata todavía
sepárese en dos partes

Gravite encendido en dolor
Y duela
Duela usted como no ha dolido
Haga gritarse en sí, y vuele
Crea morir.
Luego vuelva. 
Y envuélvame si puede.

Coloque pliego sobre pliego
Carne sobre Carne
Enlace su verso en mi palabra
Sufra hasta el desmayo.

Y cuando el último hálito de rima
Se escape entre sus dientes
Volará mi nombre ciego y surcado por la llama
Se abrirá en canal la rama de mi aorta
y latirá usted con mi latido

Y así,
Tomaré bisturí, hilo y aguja
Coseré ambas sangres.
Con maldad,
Con despotismo

hasta el cese de la queja
y no escocerá ni el pliego, ni la sangre

"¿Lo intuye ahora?" diré, flotando en la tiniebla
"un sólo corazón es el que late"



8 de octubre de 2014

Dario Hiroshima


Las luces de Tirso me han arrastrado 
hacia el frío de calles de carne joven. 
Y sus sombras azules me atan en los portales
Con la voz italiana de aquel hombre 
que nunca me prometió nada. 
Pero yo, 
aún sigo corriendo por las vías 
con la juventud huyendo cada viernes
Mientras las musas me hablan en la boca  
con las alas de los dioses
y cantan.



It's been a while, queridos míos.



4 de marzo de 2014

A las sábanas del velero.




La mente gravita unida
en sábanas de velero. 
La mano encendida aferra
furiosa los cuatro cuerpos

queríamos dos fulanas
y han traído esqueletos
bailan bailan cercenando
cálices de vino viejo

el calor apaga el grito
blanco, de puro änhelo
por escalar en prohibido
muro de eterno convento

queríamos dos peregrinos
y han traído siete aedos
cantan cantan recogiendo
el tibio maná del cielo

la niña de flores blancas
recita en la calle el credo
dentro de los portales
ya sólo se oye el silencio

queríamos dos palabras
y han traído veinte versos
Guillém sonríe buscando
luz en lo que está leyendo. 

Cuenta, cuéntame las sílabas
que el romance te está oyendo
me dice que en cada rima
piedras recitan con miedo

yo aunque no sepa poesía
te leo siempre y comprendo
que en el nada 'no se hacer'
los guijarros perecieron


A mi buen amigo,
al verdadero poeta.

2 de octubre de 2013

Centinela de vírgenes.


Como en tantas otras noches, la monja se entretiene sosteniendo los sueños de las niñas vírgenes. Cavila en los pasillos, tropieza con sus cordones, roza alguna cabeza con la mano izquierda. La derecha no lo sabe. Y si acaso escucha el suspiro del amor, sus pechos vierten leche mágica con la amargura del llanto estéril de las yermas.

La monja es joven. Hace las noches entre vigas de madera y es centinela de todas sus niñas. Ésta está sucia, y aquella peinó mal sus trenzas. Niñas malas. Niñas sucias. No saben que no deben. No saben que deberían. Y sobre sus párpados velan las cenizas de la madrugada.

Maldita lujuria. La monja trastea entre las niñas, tratando de escuchar el borboteo de sus fuentes, y  espera con ansia la saliva de las dormidas. Convierte en brujería todo lo que toca. Y su nariz recta se transfigura en verruga. Las muchachas se encogen en las hileras de la pesadilla. Monja mala. Monja bruja. Y los chasquidos de las puertas envenenan las estancias, los sueños y hasta el mismo amor.

Duermen, vírgenes.

Pero ella, todo lo conoce y todo lo vigila. Y aunque el pecado sea grave, todo lo quiere, todo lo sabe. Porque ella es diosa y ella es hombre. Ella sabe de aquellas luces que aguardan los desastres de la madrugada. Y aunque oteé los brazos hitlerianos, las faldas infantiles, los ciclos tórridos de los amantes, ella camina con la lujuria pero no la besa en los labios, rodea los huesos de la gula y cercena las cadenas de la ira, aunque sus pechos no la sacien. Porque ella es verdad y es miseria. No se entretiene en los jirones de la plata pues la codicia no la ciega. Ella es templanza, deseo de amor, canto de urraca cansada.


Y en cuanto despunta el alba, aguarda la vieja monja, víctima del corazón.

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