23 de junio de 2015

Fast Generation I -Tinder.



Aviso a navegantes: Si no sabéis lo que es Tinder App, AQUÍ tenéis una breve explicación que -espero- os escandalice. Bienvenidos a los nuevos veinte. A los nuevos treinta. A los nuevos cuarenta o cincuenta. Esto es el amor que nos venden ahora en máquinas expendedoras.


-Este no. Este tampoco. Este no. Uh. Con un perro. Sin perro. No, definitivamente, calvos no. 
-Al menos es auténtico. 
Hacía mucho calor y Tinder no ayudaba a remediarlo. Tirados sobre la cama deshecha, pasábamos las primeras horas del verano entre Sálvame Deluxe, Hanna Arendt y las poesías de una tal Irene X. Carmela solía leerlas despacio, alumbrada por la pantalla brillante de su Iphone 6.
No las leía para mí.
Las leía para ellos. Para los cientos de miles de nombres que empezaban por Pablo, Lucas, Mario, Jesús, Ignacio, Roque o Sebas, y que terminaban con el nuevo nickname del local de moda. Ahora que Carmela se autoproclamaba hipster y liberal, los apellidos de Kapital, Moma, Gabbana, Boss -o incluso de aquel pequeño antro de Nuevos ¿se llamaba La Nuit?- habían sido sustituidos por Siroco, Olvido o Caracol. Y así, el nuevo Mario Siroco esperaba cada noche la voz melosa de una niña que recitaba poesías que nunca serían verdaderos poemas ni para Neruda, Borges, ni para Julio. Ni siquiera para mí.
Soy mujer decía
dime qué coño tengo que envidiarle a la puta primavera.
Y así, Sálvame se acercaba de puntillas vestido de coño, y de puta, ensuciando la primavera, disfrazado de poesía y vendiendo libros en alguna feria. Pero Carmela adoraba la música de su musa, y su aire servía a sus dioses. Los espacios, las rimas, los silbidos, las pausas. Todo estaba estudiado.
Carmela grababa las notas de voz prohibidas para uno y para todos. Y si se cansaba, copiaba y pegaba la misma en un universo de conversaciones viscosas donde no había ninguna estrella. Sólo muertos de hambre de veinte años retomando aquel ancestral derecho que nos robaron las religiones a  todos los nadies: El libre albedrío.
-¿Has elegido ya a tu príncipe?
-No hay nada. Y el de ayer me acaba de poner una excusa de las malas. 
Suspiré y cambié el rumbo de la música. Sonaba The Doors.   
-Bueno mira, me la suda. Voy a pedirle el WhatsApp a éste de aquí, ¿qué te parece?-
No estaba mal. Se parecía a Luke Pritchard.

A la media hora, Carmela estaba duchada y lista para salir. 
-¿Tienes el Google Maps preparado? - pregunté desde la misma cama. Desde la misma postura. Desde mis mismas manos sosteniendo el mismo móvil donde hablaban los mismos nadies.
Me sonrió con picardía desde el espejo del baño.
-Preparadísimo. Depilación hecha. Dientes lavados. ¡Lista para una tarde de la hostia!

Salió disparada balbuceando un inglés inventado y apenas se escuchó mi voz cuando grité que me llamara después. 

13 de junio de 2015

Esto es Europa, señor.




Javier y Nedal juegan al ajedrez en el jardín del Sauce. Javier empieza el juego y la conversación.
-¿Cree que deberían existir nuevos Estados, señor?
La partida comienza con la defensa india de rey. De cuatro.
-No cometeré dos veces el mismo error.
Caballo efe seis.
-¿Israel fue un error?
Ce cuatro.
-Ensayo, más bien.
Javier observa el tablero, silencioso. Nedal se atusa la barba de patriarca y mueve ficha. Ge seis.
-Esta vez estoy pensando en un Estado insurgente. Un Estado creado por la propia población, no por otros Estados. Con territorio propio, pero ganado a pulso.
Caballo ce tres. Javier es prudente.
-Escocia, Quebec, Cataluña.
Nedal ríe con ojos de media luna. Alfil ge siete.
-Qué cosas más raras dices Javier, por favor. Para independizarse hay que coger el arma por el filo, no por el recazo. Hay que atreverse a sangrar primero, a morir por lo que se cree. Si no, no se gana. No os enseñan nada en la Universidad.
E cuatro.
-Su arraigado nacionalismo ya les ha hecho sangrar suficiente, señor.
De Seis. Nedal ignora el comentario y prosigue. 
-¿Has visto a algún escocés empuñando un arma por su independencia en estos tiempos?
Caballo efe tres, enroque. Javier sonríe mostrando, inocente, el diastema.
-Esto es Europa, Señor. Aquí ni los amantes mueren por amor.
Alfil e dos. Nedal niega con la cabeza.
-¿Esto es Europa? Claro, se me olvidaba. En Oriente somos unos salvajes. Nunca os cansáis de menospreciarnos. En fin. Volviendo al tema. ¿Un nuevo Estado? Sí, pero formado por un ejército de dioses, de heróicos guerreros.
-¿Como en los mitos, señor?
-Sí. Como en las leyendas. Un Estado que tome el filo y lo enarbole cual bandera. Un Estado que sirva, muera y mate por amor. Sin contemplaciones, sin misericordia.

El reloj da las seis y, de nuevo, ocurre el milagro: la transfiguración del loco. Javier lo sabe, está acostumbrado. El viejo se estremece, rumia palabras incomprensibles, babea. En una mesa cercana, otro interno grita que es Napoleón.
Un hombre de bata blanca se acerca a la escena y toma del brazo al enfermo. Repara en la presencia extranjera y se dirige a ella con voz neutra.
-Es tarde, chico. Los voluntarios deben abandonar el centro a las seis y media. El señor Nedal ya ha tenido suficiente cháchara.
Nedal tiene la mirada vacía y balbucea como un tierno lunático.
Javier se levanta y se despide. El viejo, hace unos instantes lúcido y despierto, no parece reconocerle.
El chico camina hacia la puerta. En el pecho se lee la palabra voluntario en una pegatina blanca. Antes de cruzar la verja, se gira para observar cómo Nedal camina hacia el Centro con la mirada en el suelo, mientras sus pies -de astronauta soviético- procuran pisar bien fuerte la hojarasca. 




12 de junio de 2015

La misma Eva de los mitos.




A las niñas nos conducían al patio en verano, de tres en tres, y de cuatro a siete. Las  mayores nos quitaban el barro. Mojaban los cepillos en los barreños negros, y jugaban a arrancarnos la piel. Qué le pasa a esta niña que no llora. Qué le pasa a esta niña que no se escapa. Y yo no sabía. Por qué no lloro, y por qué no huyo como las otras. Y si acaso peinaban nuestros cabellos a tirones, nunca les escupía en la cara. Y aunque me quebrasen los huesos a palos, nunca murmuré improperios. La muda, me llamaban. No te fíes, decían otras, que es un diablo.
Mi único delito fue el bosque. Allí dejaba de ser diablo, y era la Eva de los mitos. Corría lejos y me perdía entre las filas de álamos. Escalaba pinos y montañas y soñaba con ser pájaro.

Aquella infancia trenzada en hambre fue tan absurda como su final. Una noche de invierno mientras mis huesos se debatían entre el sueño o el bosque, un incendio sobrevoló las cocinas, las habitaciones y el convento. Años más tarde, mi madre me preguntaría si escuché los gritos. Si sentí los golpes de aquellas santas contra las rejas. Si vi a las monjas correr como beatas con pañuelos húmedos en el rostro, y las llaves entre los dedos. Si dudé al buscar la salida, ciega de humo, o si tuve que escalar los muros del patio para huir de la muerte. Y aún hoy, no sabría qué decirle. Porque ni escuché, ni sentí, ni vi, ni escalé.

Me desperté en el bosque al alba y los periódicos me llamaron milagro. 

28 de mayo de 2015

Dios es un marido virtual





Hoy jueves, hay un plato tridimensional de lentejas sobre la mesa. 

Remuevo con tal mala suerte que me mancho el baby despelujado. Suspiro con resignación e intento limpiarme con una de esas servilletas de papel ordinario. Hoy es mi cumpleaños. Madre Olvido vigila las hileras y los pasillos. Contempla las bocas obedientes masticar, y siembra el terror entre aquellas que desobedecen. Arrebata cucharas a las niñas al son de las Valquirias, forcejea con el ánimo guerrero de un combatiente herido en mil batallas, y aunque percibe el miedo enemigo, aparta su credo e introduce el cubierto en el lodazal para extraerlo rebosante, goteando crueldad. Los rizos de las niñas se estremecen, y sus labios se despegan imprudentes mendigando misericordia. Con la traición por bandera, la malvada monja aprovecha el descuido para introducir la cuchara hasta que su extremo roza las amígdalas de la víctima, y con un movimiento mecánico la coloca en vertical para arrancarla viva y reluciente.

No quiero comerme las lentejas. Aún me cuesta entender por qué hacemos cosas que no queremos.
–¡María! ¡Las lentejas, por Dios bendito!
–No me gustan.
–¡La de cosas que no nos gustan en esta vida, y hay que hacerlas!
–¿Como ser monja?
–Ser monja es una decisión muy personal que toman las personas que quieren seguir a Cristo y dedicarle su vida.
–Pero no podéis ser obispos, ni cardenales, ni Papa.
–Estoy casada con Dios, con eso me basta.
–¡Pero Dios es un marido virtual! No podéis tener novios, ni hijos, vivís encerradas con otras mujeres y seguís una religión que es machista y que denigra a la mujer hasta el punto de considerarla la fuente del pecado origi…
La cucharada de lentejas me pilla desprevenida. Es el turno de mi forcejeo. De tener nueve años. 
De tragarme mis palabras, las lentejas y acaso mi propia fe. 


19 de marzo de 2015

Hoy miro hacia atrás. Hacia la vida.





Vivimos durante un año acunados por la brisa alisea del cosmopolitismo. Dejamos de correr y de creer en la prisa. Lo importante era ser en torno a la mesa. Ser en torno al té, juntos. El perfecto inglés no existía, y el idioma era tan latinogermano que nunca supe bien si hablábamos palabras -ay querido logos- o caminábamos con las imágenes del subconsciente común de la vieja Europa. Comíamos pasta, y hablábamos italiano. Slow food, slow tv, slow sex. Por todas las prisas venideras, dejé besarme despacio.

Pero volví a Madrid.


Al bajo ahora, ahora no, YA. Corre. Elmetronoesperaanadie. Y menos a ti.Veinte años. ¿Número de esclavo? 54 millones. Otra asignatura más. Seis tomos. En seis meses. Y estudia. Corre. No vivas. Hay cien que pagarían por-ese-mísero-trabajo. ¿Horas? Veinticuatro al día. ¿Salario? El salario/hora es el número PI. Con P de pigs. Con P de puto dinero. STOP. Coge aire. Respira en la tiniebla del sandwich de máquina en una White Box. ¿Tienes el informe? ¿El de ayer? Sí. No, el de hoy, te lo dije por whatsapp hace dos segundos. Y estabas en línea. Había doble check. Nuevo knockout en el ring. Y tú.VAGA. Knock knock knockin' on Heaven's door. Art. 15 CE. Integridad cero en un mundo con forma de becerro dorado. ¡Adoradme! dijo el socio. El socio de un despacho que sabe a sangre. NO QUIERO. Oposita. Y siete años encerrado en otro ring. La carrera solitaria hacia la justicia. De pronto juez. Con veintiséis años. Quiero escribir. Con la venia SEÑORÍA, escriba sentencias. ANTECEDENTES DE HECHO. Estudié Derecho, pero era humanista. FUNDAMENTOS DE DERECHO. Me enseñaron la justicia del positivismo. Llamaban justicia a política legislativa. FALLO. Muerte súbita en juzgado nº5 rodeada. ¿De criminales? No. De justos que creyeron que eran libres. Armenios sin papeles, drogadictos pinchados e impinchados, e irrelevantes para mi sociedad ¡SALGAN A LAS CALLES! Griten libertad. Pasaporte a la cárcel o a TURKISTÁN. ¿Antecedentes? Ninguno señoría. ¿Seguro? ¿Letrado? Yo.. NO HABLE. Preguntas irrelevantes. Peinado chic. He perdido el juicio.

Hoy miro hacia atrás. Hacia la vida.

Perdiste un año, dicen. Perdiste un año, dicen. Perdiste un año, dicen.
Y yo. Yo digo que gané la vida.




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