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Mostrando las entradas etiquetadas como De cómo la infancia llega y pasa.

Una hechicera y un acólito inesperado

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Le llamábamos Millones porque su padre se había hecho rico en algún turbio negocio relacionado con el transporte de quién-sabía-qué. Le conocimos uno de esos veranos largos en los que la mayoría de nosotros aún estaba en el colegio. Destinados a esperar el interminable transcurrir del verano en aquel pueblo costero, una nueva adhesión al grupo era todo un acontecimiento. Recuerdo que lo trajo Javi (que era-es-será mi gran amor frustrado de verano). "Le conozco de Torrejón", dijo. Y esa fue toda su presentación. Pronto descubrimos que Millones contestaba con monosílabos y se reía de todo lo que decía Javi, por lo que su condición en nuestra pandilla -cuadrilla, para los norteños del grupo- era de vasallo más que de líder. Fumaba mucho para poder dormir por las noches y porque "esto no es tan malo como el tabaco, niña". Javi nos contó que Millones tenía una abuela bruja, un millón de euros en el banco y un hermano pequeño. Poco tiempo después supimos que lo...

Otra dama boba (o el último homenaje)

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UNA BOBA (tiende un libro): Por favor, recítamelo. Donde pone "FINEA". UN CHICO: No. BOBA: ¡Pero si no te cuesta nada! CHICO (coge el libro): Tenemos que hacer el trabajo. BOBA: ¡Por favor! Puedes leerlo tú primero, para ti. Y luego, si quieres, me lo lees. CHICO (toma el libro a regañadientes y lo hojea un poco): ¡Encima en verso! BOBA: ¿No eras tú el que hablaba de los beneficios de la oratoria?  CHICO (malicioso): ¡Esta bien! Pero ya me lo cobraré. BOBA (feliz): ¡BIEEEEEEEEN! CHICO (sin aspavientos): A ver.  ¡Amor, divina invención  de conservar la belleza de nuestra naturaleza, o accidente o elección! Extraños efectos son los que de tu ciencia nacen, pues las tinieblas deshacen, pues hacen hablar los mudos; pues los ingenios más rudos sabios y discretos hacen. No ha dos meses que vivía a las bestias tan igual, que aun el alma racional parece que no tenía. (se para, respira hondo) BOBA: ¿Qué pasa? ¿Por...

Dios es un marido virtual

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Hoy jueves, hay un plato tridimensional de lentejas sobre la mesa.  Remuevo con tal mala suerte que me mancho el baby despelujado. Suspiro con resignación e intento limpiarme con una de esas servilletas de papel ordinario. Hoy es mi cumpleaños. Madre Olvido vigila las hileras y los pasillos. Contempla las bocas obedientes masticar, y siembra el terror entre aquellas que desobedecen. Arrebata cucharas a las niñas al son de las Valquirias, forcejea con el ánimo guerrero de un combatiente herido en mil batallas, y aunque percibe el miedo enemigo, aparta su credo e introduce el cubierto en el lodazal para extraerlo rebosante, goteando crueldad. Los rizos de las niñas se estremecen, y sus labios se despegan imprudentes mendigando misericordia. Con la traición por bandera, la malvada monja aprovecha el descuido para introducir la cuchara hasta que su extremo roza las amígdalas de la víctima, y con un movimiento mecánico la coloca en vertical para arrancarla viva y ...

Mariposas.

Ana jugaba a corretear por su jardín. Le gustaba mucho fingir que era un avión y que cada uno de sus brazos simulaba un ala. Y así, inclinaba su cuerpecito porque había turbulencias, aunque no era más que el viento que recorría su ligero vestido de lunares. Pablo, por su parte, no se parecía demasiado a su gemela. Él, más entregado a los placeres de la psique y el conocimiento, leía sentado en el césped un libro de filosofía. Costaba entender como una cabecita de cinco años podía siquiera comprender alguna frase completa. Ana, en general, nunca se resignaba e incluía a su hermano en sus actividades, en esta ocasión como torre de control. Ana siempre acababa su juego chocando a propósito con su hermano, lo cual desencadenaba una retahíla de gritos por parte de Pablo y las risas acaloradas de Ana. En estas ocasiones Pablo solía mostrar su rabia escondida bajo su pelo rubio, pero por fortuna y como por arte de magia aparecía Mamá para solucionar las peleas. El pelo de Mamá ...