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Penumbra.

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Hace mucho tiempo, el hombre se estremecía cada vez que se ponía el sol. Porque se sumía en la más completa oscuridad. Y odiamos aquello que desconocemos, que no podemos manejar, que se escapa de nuestro control. Por eso se inventó la bombilla. Para tener siempre un pequeño sol cerca de nosotros. Pero no pudimos contenernos, no ahora que conseguíamos espantar (que no eliminar) a la oscuridad. Pronto la bombilla duró más, brillaba con más fuerza, se hacía más eficaz, más grande, más numerosa. Nuestros soles crecían, nos acompañaban, nos hacían sentir fuertes en la noche. Con el paso del tiempo, tanta luz empezó a aclarar el cielo estrellado, de forma que no podíamos ver nada, puesto que habíamos logrado un día en plena noche, un oasis entre la tiniebla. Y sin embargo, el ser humano nunca iluminó toda la tierra de la que disponía. Porque se sentía terriblemente atraído por la oscuridad, y al mismo tiempo, la temía. Porque bajo la luz eres visible, brillante. Bajo la oscuridad er...

Burbujas.

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Es pleno verano y no corre una mínima brisa de aire.  "Asfixia" es la primera palabra que te viene a la cabeza. Beber tónica mirando a las nubes.  Hoy es un día exactamente igual a todos los demás. Día tras día, semana tras semana. Algún día llegará el otoño. Si le da la gana. 

Filosofeando

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Tú eres tú. Y una buena parte de mis circunstancias.

Descarga.

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Atesora los buenos momentos, cariño. No sé, ya sabes. Es la utopía. El Santo Grial. La materia oscura. La quintaesencia. El maná. Es la mayor fuente de energía, ya sabes. Algunas veces es lo único que nos mantiene en pie. Y mejor si los pasé contigo.

El Ibex se hundía y nosotros nos enamorábamos.

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Después de una tarde de paseos y poca imaginación, subí a mi casa. Encontré a un vecino, meditabundo, solitario. Yo sonreí, con esa sonrisa de la post-adolescencia, que no dice nada. Que dice Hola, y dice Adiós, que nadie se espera, ni siquiera los adultos que, a fuerza de tanto razonar lo irrazonable, se les ha olvidado todo lo bueno. Después de un buen rato, pronosticando el tiempo de cien años, el hombre murmuró: -La cosa está muy mal, hija. Yo, que no sabía si me hablaba de enfermedades, de familia, de muertos o de crisis políticas, volví a desempolvar esa sonrisa y dije, más por compromiso que por opinión: -Bueno. Nunca habría previsto su reacción. Gritó, se desgañitó y al final sentenció, apuntándome con un dedo acusador, -como si fuera yo la culpable de que esta España se esté cayendo a pedazos-: -Tengo amigos que no viven con pensiones de seiscientos euros. Siempre les veo, rondando basuras, mendigando por un trozo de miseria. Rozan los ochenta años. Llegas a ...

Esto no es poesía.

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Despacio, despacio, Leo. Vamos por partes. Boston no corre prisa. Explicar no corre prisa. Entender no corre prisa. Besémonos primero. (Contra el viento del norte- Daniel Glattauer) bichos. Dos años. Dos años aquí. Dos años con vosotros. Dos años tratando de escapar de una vida que nos dijo adiós hace mucho tiempo. Estoy feliz. Feliz con vosotros. Gracias Bichos. Gracias Amores, gracias Historias, gracias Humanidad. Cada día, me hacéis más grande. 

Espuma.

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No me atreví a bañarme, ni siquiera a meter la punta de los dedos en el agua. Estaba demasiado fría. Y sin embargo, allí estaba, en manga corta, con un gofre en la mano, viendo morir las olas a escasamente medio metro de distancia. Soplaba un viento bastante agradable, aunque impropio del mes de Agosto. Sentía como el sol me enrojecía la cara y veía como las gaviotas iban y venían sin cesar, quizás siguiendo el ritmo eterno de las olas. Me acabé el gofre y me tumbé sobre los guijarros, que cubrían la arena.  "¿No te gustaría quedarte así por siempre?", alguien me dijo.  Pues claro que sí. Por eso cerré los ojos.