Juglar subterráneo o poeta líquido



El sábado pasado cogí el metro hasta Alonso. 
Tres o cuatro paradas antes de bajarme, subió un cantante con su guitarra al hombro. Voz gruesa y potente, manos de migrante, ojos cantábricos. Me recordó a los hippies de mi Facultad. Aquellos que afirmaban ante cualquier audiencia, y disfrazados de Adán y Eva, que estudiaban Derecho para cambiar el sistema. Los mismos que hoy trabajan con Macs. Sí, darling, el dinero es una serpiente poderosa. Sin embargo, aquel hombre todavía olía a libertad. Pensé que podría ser un neo-Sabina antes del ascenso - si alguien le descubriese, claro. Por desgracia para su guitarra, sus ganas y su poesía, en aquel vagón sólo viajaban abogados, auditores e instagramers en ciernes. Ni rastro de descubridores de poetas líquidos.

Cantó una canción satírica sobre el metro provocando las risas entre los más dispuestos.
- ¡Buscadme en Facebook! -gritó tras rematar la canción con un par de acordes- Me llamo Juglar Subterráneo. Quizá algún día le pongan mi nombre a una estación de metro.
Enarqué una ceja mientras me dirigía a la puerta. Mi parada era la siguiente.
- ¿Por qué no?- siguió- ¡Igual que a Alonso Martínez! ¿Por qué creéis que se la dieron a él? ¿Por ser abogado, diputado o ministro? ¿Por trabajar por y para la codificación del Derecho Civil?
Me giré un segundo y vi a la mitad del metro con la boca abierta. Sonreí para mí. ¡Ay, los prejuicios! El "si tocas la guitarra en el metro, no puedes saber quién es uno de los padres del Derecho Civil español" se había vuelto contra nosotros como una lanza. Como os decía, aquel vagón estaba lleno de pseudo-abogados con corbatas como sogas, oros como cadenas, miradas de complot y de contrato. El Juglar Subterráneo lo había conseguido: todos nos preguntábamos quién demonios era. 
- ¡Pues no!- concluyó mientras se abrían las puertas del metro- Pusieron su nombre a esta estación por lo bien que le salía el salmorejo.
Al menos diez de los presentes nos reímos con ganas. Creo que, de pronto, tres o cuatro sogas no apretaban tanto.

*
Para los curiosos que quieran saber algo más de este poeta líquido:
Y mi favorito:




Comentarios

  1. Pues lo voy a buscar para cotillear un poco :P

    Saludos

    ResponderEliminar
  2. Sí! La verdad es que un tío con talento.

    Un abrazo, Kristalle.
    Pat

    ResponderEliminar
  3. ¡A mí esas cosas nunca me pasan en el metro! Aunque he de decir que siempre he sido más de autobús o andar...
    Gracias por el descubrimiento ;)

    ResponderEliminar
  4. Creo que me suena. Es posible que me lo cruzara por el metro durante me época madrileña. No sé. Quizás también me crucé contigo, P. El caso es que el tío al menos consigue que le escuchen -que no es poco en el metro.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. M. A mí el autobús me encanta la verdad. (Pero los sábados cuando no hay coches jj)
    Ícarus, por lo que he leído, este hombre lleva muchos años por el metro. Es posible que le hayas visto. En cuanto a mí, quién sabe!
    Muchas gracias por vuestros estupendos comentarios.
    Un abrazo a todos,
    P.

    ResponderEliminar
  6. Genial, como siempre.

    ResponderEliminar

  7. "... aquel hombre todavía olía a libertad" Me encantó, quedan muy pocos. Mientras los demás no le vieron tú le miraste y seguro que le llegó el calor de tu mirada. Me ha gustado mucho pasar por tu casa, con tu permiso me quedo un ratito. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Mara, siéntete como en casa.
      Un abrazo fuerte,
      P.

      Eliminar

Publicar un comentario

Siempre te leo (;

Entradas populares de este blog

¿Quién demonios son los sabios?

No es mentira esta postverdad

Cuando las barbas del vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar.