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Mostrando entradas de marzo, 2017

Oh capitán, mi capitán.

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- ¡P! Un seis con ocho. Me entregó el examen y volví a mi sitio tratando de pasar desapercibida. El flequillo sobre la cara, el paso corto, apresurado.  Fue imposible. Escuché el murmullo de "P, un seis con ocho". Luego, el miedo. "Si ella ha sacado un seis con ocho, que Dios nos pille confesados". Avalancha de cincos y seises, murmullo generalizado. Vuelta al cotilleo: "Y P, un seis con ocho".
No miré a Profesor en toda la hora. Tampoco miré el examen. Tres preguntas: Tema a desarrollar, definiciones y una fotografía. Las dos primeras, clavadas. Ni una coma fuera de su sitio, ni una definición inventada. Miss Nueves, decían, escribía inspirada por los dioses.Y ahora, ¡un seis con ocho! Madre mía. "Lo está pasando mal, es normal. Un tumor, un ex, una sombra, amigos que ya no son amigos, el tío ese que se fue del colegio con el que dicen que se lía, mucha música de la Winehouse. Es el declive, es la futura Europa". Y yo, Miss Nueves, la inspirad…

Macao para principiantes

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-Hace tiempo que ningún principio me convence. Lo dijo alto y claro y varios de los presentes se giraron hacia nuestra mesa. Por desgracia, no se refería a ningún libro, sino a sus amantes, al cortejo, al vaivén del romance. La miré esperando un poco más de luz en el argumento, pero no dijo nada. No dijo «me agota comprobar si está en línea, mientras escribo todas esas cartas de despido, y pienso ¡joder! ¿por qué no me ha dicho nada? ¡Si hasta le he puesto el emoticono del mono! Maldito mono, maldito emoji. Debería haber sido más discreta, más nonaina -al fin y al cabo, este hombre se ha criado en la periferia- y enviarle una flamenca, una sonrisa, nunca el ojo-corazones. Pero ¡ay! Fuimos a Habanera y todo fue como la seda, y tía, me miraba con ojos de quererme algún día. Y, mientras comíamos,  me contaba todas esas historias sobre sus viajes. Macao, Hong-Kong, Dubai. Y yo asentía con la cabeza como diciendo ¡ah, ya! ¡Esas economías cuaternarias! Pero no lo dije por no sentirme un vulg…

Chirimoyas en el exilio

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En estos veinte días he trabajado de sol a sol. Soy la fruta madura del sistema. El limón,la naranja, la chirimoya. He nacido en un círculo de trabajo y desenfreno, de números, dinero y de rock and roll. Ir por la M-40 a ciento treinta kilómetros por hora no sería lo mismo sin mis Ray Ban, mi bolso de Bimba y Lola y los guantes de polipiel. Soy la manzana estándar del Mercadona. Una Fuji más. El manos libres tiembla cuando me siento en el coche. "¿Es ya la hora de gritar?". Oh, sí. Vibra, sneaky boy. Furbo. Y me quejo con otro alguien que grita más. La hora del odio. Bienvenidos a 1984. Me meto en la ducha, salgo y no sé qué ha pasado dentro. Mientras me enjabonaba ocurrían cosas increíbles. Hablaba con un ex en un restaurante hace seis años e, inmediatamente después, quedaba con una amiga –mañana– en el Federal Café. Mente. Mente. Mente. Don't be present. Llévame a la Costa Brava. Brazos, ayudadme a encajar este neo-bikini de Asos. Piernas, corred en esta jungla de edi…